Durante mi tiempo de oración, el Espíritu Santo me guió al Salmo 56. Esta palabra es para aquellos que han sido heridos, ya sea por la familia, por los amigos, o por las palabras y acciones de los impíos.
también es una palabra para aquellos que aman al Señor, pero que derraman lágrimas y llevan cargas que parecen ser cada vez más pesadas a medida que pasan los días. Algunos creyentes se despiertan cada mañana bajo una nube de temor y desesperación. Los problemas financieros pueden aplastarlos y atemorizarlos. Otros enfrentan serias batallas de salud y dolor insoportable. Algunos se duelen por miembros de la familia que están en problemas profundos, tal vez en rebelión contra el Señor.
Escucha la bendita Palabra de Dios dirigida a ti en tu hora de necesidad:
Salmos 56:3: “En el día que temo, yo en ti confío”  [No tendré miedo].
Salmos 56:4: “En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede
hacerme el hombre?”
Salmos 56:8: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma [botella]; ¿No están ellas en tu libro?”
Salmos 56:9: “Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; Esto sé, que Dios está por mí”.
Salmos 56:13: “Porque has librado mi alma de la muerte, y mis pies de caída, para que ande delante de Dios en la luz de los que viven.”
Estas son palabras ungidas del Espíritu de Dios. Te animo a orar por cada versículo y a reclamarlo por fe. El Señor sabe todo sobre tus luchas y dolor. Él conoce todos los detalles de su situación, y Él escucha incluso el clamor silencioso de tu corazón roto.
Tomado del artículo ¿TE HAN HERIDO? — DAVID WILKERSON ORACIONES (Spanish)

¿Y tú, alguna vez te has sentido herida, me imagino que también?

Muchas veces me he sentido herida por algunas personas, pero las heridas que más duelen son de los que más amas, pero la gracia sobre abundante de Dios te lleva a lugares altos donde nadie puede acceder solo tú y el amado, es ahí donde derramas el corazón y Él enjuga tus lagrimas, te recuerda lo muy amada que eres y la consolación supera al daño que te han hecho. Es entonces que  incluso agradeces el dolor, porque de otra manera no hubieras experimentado el consuelo precioso de Dios.

 Salmo 121

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?
 Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.
 He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.
Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
 El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.
 Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma.
 Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.

 

 

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